Uruguay inicia el debate para convertirse en el tercer país de América en legalizar la eutanasia activa

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En Uruguay, el Parlamento ha iniciado el debate sobre un proyecto de ley que busca legalizar la eutanasia activa, posicionando al país como posible tercero en América en permitir esta práctica, después de Colombia y Canadá. La iniciativa, impulsada por legisladores de diferentes partidos, pretende establecer un marco legal para que personas con enfermedades graves e irreversibles, o en estados de sufrimiento insoportable, puedan acceder a una muerte asistida bajo estrictas condiciones y supervisión médica.

La proposición prevé que toda persona adulta, con completa capacidad de elección, puede requerir voluntaria y claramente la eutanasia. Para este fin, se pondría en marcha un proceso reglamentado que incorpora la valoración de, como mínimo, dos especialistas de la salud, quienes deberán verificar tanto el diagnóstico como el pronóstico del paciente. Asimismo, se establece un periodo de reflexión, durante el cual el solicitante tendrá la posibilidad de retractarse de su decisión en cualquier instante.

El plan también integra medidas de protección para los trabajadores de la salud, respetando la objeción de conciencia. De este modo, aquellos médicos que prefieran no involucrarse en el proceso por razones personales, morales o religiosas tienen la opción de no participar, asegurando que el paciente reciba el cuidado necesario mediante otros médicos que estén dispuestos a realizar el procedimiento.

El debate legislativo tiene lugar en un entorno tanto regional como internacional, en el que la discusión sobre la eutanasia y el suicidio asistido ha cobrado importancia. En el continente americano, Colombia fue el primer país en permitir la eutanasia al despenalizarla en 1997 y establecer regulaciones en 2015, mientras que Canadá legalizó la asistencia médica para morir en 2016 y después amplió los requisitos de acceso. En Europa, naciones como Países Bajos, Bélgica y España también poseen leyes que autorizan esta práctica bajo ciertas condiciones.

En Uruguay, el tema no es nuevo, pero sí ha ganado impulso en los últimos años debido a casos mediáticos y al respaldo de organizaciones que defienden el derecho a una muerte digna. Estas agrupaciones argumentan que la legislación actual, que penaliza la eutanasia, no contempla adecuadamente situaciones en las que el sufrimiento físico o psíquico no puede ser aliviado por medios paliativos.

Por otro lado, grupos opuestos a la propuesta argumentan que la autorización podría dar lugar a maltratos o coacciones hacia personas en situaciones delicadas, tales como ancianos, pacientes con discapacidades graves o individuos con trastornos de salud mental. Además, sugieren que se debería enfocar en mejorar los cuidados paliativos y brindar un apoyo completo a pacientes y familias.

El debate en el Parlamento uruguayo se anticipa intenso y probablemente prolongado, con audiencias públicas que incluirán la participación de expertos en medicina, bioética, derecho y representantes de la sociedad civil. La decisión final podría sentar un precedente importante para otros países de la región que observan de cerca la evolución del proceso.

De aprobarse la ley, Uruguay se sumaría al reducido grupo de naciones que reconocen el derecho de las personas a decidir sobre el final de su vida, con un marco normativo que busca equilibrar la autonomía individual con la responsabilidad del Estado de proteger a sus ciudadanos. La discusión promete marcar un hito en la agenda legislativa y en el debate ético del país.

By Óscar Silva Ibáñez

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